En 2025, PAMMTV presentó INTERTIDAL (Intermareal), una exposición bienal que celebra las aportaciones del sur de la Florida al arte contemporáneo de los medios audiovisuales. La muestra reúne cinco obras en video que amplían los límites de este medio artístico desde la perspectiva de Miami. Esta serie de entrevistas reune cuatro conversaciones con artistas participantes en INTERTIDAL, cuyas prácticas reflejan las fuerzas que dan forma tanto al mundo que compartimos como a nuestras experiencias personales. En esta entrega, escucha directamente a la artista Keisha Rae Witherspoon.
Fecha de la entrevista: 28 de mayo de 2025.

Pérez Art Museum Miami (PAMM): ¿Podrías presentarte y contarnos un poco sobre la historia detrás de tu obra T (2019), incluido el significado de su título, que forma parte de INTERTIDAL 2025 de PAMMTV?
Keisha Rae Witherspoon (KRW): Soy una creadora nacida en Miami y de ascendencia jamaiquina-estadounidense. Crecí en un hogar caribeño donde el arte realmente no era una prioridad; lo eran la medicina y el derecho. Durante mucho tiempo reprimí esa parte artística de mi vida.
En cuanto a T, la obra surgió por la época del asesinato de Trayvon (Martin). Trayvon forma parte del simbolismo de la letra T, así como de la hipervisibilidad de las muertes de personas negras y racializadas a manos de las fuerzas del orden. Había algo en las cámaras corporales de los policías que revelaba estos hechos una y otra vez, sin que existiera —o al menos sin que hubiera una justicia satisfactoria para lo que estábamos presenciando—. No podría decir que tengo una historia de origen o un momento fundacional; más bien, mi mente piensa a través de imágenes, destellos y símbolos.
Imaginé un baile ficticio en el que cada año la gente celebrara la memoria de quienes habían fallecido, como un ritual anual para honrar a sus seres queridos asesinados. No quería que fuera completamente ficticio, así que la invitación fue real: convocamos a la comunidad para reunirse, bailar y celebrar. Integré a miembros reales de la comunidad con los intérpretes que invitamos a participar como elenco.
Mucha gente tampoco sabe que T está completamente escrita a partir de un guion. Es una obra híbrida de carácter documental para la que quería establecer una estructura, pero dejando amplio margen para la improvisación de los personajes y los intérpretes. T también es Tupac; T también es la cruz. Es, una vez más, una extensión de esos destellos que aparecen en mi mente.
PAMM: ¿Podrías profundizar en tu relación con el sur de la Florida? ¿De qué maneras influye la región en tu práctica artística y en tu forma de trabajar?
KRW: El sur de la Florida es un verdadero crisol de culturas y una convergencia de comunidades muy distintas; nuestros puntos de encuentro suelen girar en torno a la comida y la música. Es un fenómeno cultural único que, como extensión del Caribe, nos convierte en un centro internacional. Terminamos formando estos grupos de personas tan diferentes entre sí.
Crecí en un ambiente bilingüe, con una niñera puertorriqueña, una madre jamaiquina y un padre estadounidense blanco. Mi mamá era comerciante y tenía un restaurante de comida jamaiquina en Opa-locka, una ciudad muy particular situada en las afueras de Miami. Si conoces algo de Opa-locka, sabrás que sus poco más de siete millas cuadradas destacan por su arquitectura de estilo neomorisco.
Nuevamente, pienso en mi infancia como una suma de piezas casi aisladas que terminaron dando forma a quien soy. Era la hija de una comerciante y, al mismo tiempo, desde muy pequeña, una observadora de la gente. Creo que esa es, a grandes rasgos, la matriz de mi experiencia en Miami.
PAMM: En ese sentido, ¿cómo sabes que una obra está terminada? ¿En qué momento experimentas esa sensación de satisfacción o de haber alcanzado el éxito?
KRW: Siempre siento que podría hacer una edición más. Pero llega un momento en que casi se convierte en una decisión espiritual: sabes que la obra tiene que ser liberada. Ya hiciste la pieza; en ella hay amor, esfuerzo, un esfuerzo colectivo e intención, y simplemente llega el momento de dejarla ir.
Muchas personas que hacemos cine —no sé si con razón o no— lo comparamos con tener un hijo: llega un punto en el que tienes que dejarlo ir. Hiciste todo lo que estaba en tus manos y ahora toca enviarlo al mundo. ¿Lo hiciste de manera perfecta? No necesariamente. Pero hiciste lo mejor que pudiste y el tiempo sigue avanzando.
Es casi como si la propia obra te pidiera que dejaras de trabajar en ella y la dejaras salir al mundo.
Debo mencionar que T permaneció guardada durante un año. No estaba convencida del material que había filmado y fue necesaria la intervención de una productora, Monica Sorelle, quien finalmente me sacudió de esa incertidumbre y envió el material a un editor para hacer un primer montaje. En buena medida, esa es la razón por la que T existe hoy en el mundo. Es un verdadero testimonio del poder de la colaboración y de contar con un equipo de personas increíblemente creativas y talentosas, porque sin ese impulso probablemente el proyecto habría permanecido archivado.
PAMM: Como cineasta, ¿piensas en el público cuando realizas una película?
KRW: Empezaré respondiendo de manera específica y luego ampliaré un poco la idea. En el caso de T, sí pensaba en las comunidades que estaba representando en la película. Con frecuencia, las personas negras se ven reflejadas en los medios a través de una narrativa constante de sufrimiento. Yo quería transformar esa imagen en algo que transmitiera alegría.
En ese sentido, sí pensaba en el público. Pero también creo que cualquier persona con sensibilidad y un mínimo de empatía puede conectar con esta obra, o con cualquier obra que hable de algo así.
A mí me gusta, y me interesa ver, obras que sean muy matizadas y profundamente específicas y, aun así, sentir en ellas un sentido de colectividad y de humanidad compartida. De hecho, creo que eso amplifica el mensaje: ver a alguien muy distinto de mí, que habla un idioma completamente diferente y cuya experiencia de vida también es muy distinta, y aun así sentir afecto, cariño y compasión por esa persona.A mí me gusta, y me interesa ver, obras que sean muy matizadas y profundamente específicas y, aun así, sentir en ellas un sentido de colectividad y de humanidad compartida. De hecho, creo que eso amplifica el mensaje: ver a alguien muy distinto de mí, que habla un idioma completamente diferente y cuya experiencia de vida también es muy distinta, y aun así sentir afecto, cariño y compasión por esa persona.
Diría que algunas obras nacen de experiencias muy particulares, pero yo anhelo que puedan llegar a públicos muy diversos y despertar algún tipo de emoción; quizá de esa observación pueda surgir una mayor comprensión y compasión.
Volviendo a esa idea de la humanidad compartida, creo que cualquier artista que crea desde un lugar auténtico, de alguna manera está hablando de la reconexión.
Hace poco fui a escuchar a uno de mis cineastas favoritos, Apichatpong Weerasethakul, director tailandés. Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (El tío Boonme que podía recordar sus vidas pasadas, 2010) es una de mis películas favoritas. Yo paso mucho tiempo trabajando en mi jardín, y recuerdo que alguien le preguntó qué era el arte. Su respuesta fue: “El arte existe para reconectarnos con la naturaleza.”
PAMM: Como observadora atenta del paisaje y del tejido cultural de Miami, ¿qué consejo les darías a las generaciones más jóvenes del sur de la Florida interesadas en documentar su entorno?
KRW: Quiero ser cuidadosa porque dar consejos a veces puede ser complicado. Lo que sí puedo decir es que noto una gran diferencia en la manera en que hoy consumimos contenido y en cómo ese contenido es recibido. Todo sucede a un ritmo tan acelerado que probablemente mi principal consejo sería buscar el contacto con la naturaleza siempre que sea posible.
Supongo que, al final, vuelvo una y otra vez a esa idea de la naturaleza. Si pensamos en la historia de la humanidad, el espacio digital sigue siendo algo relativamente nuevo.
Ayer estaba viendo el nuevo documental de Adam Curtis y hubo un par de escenas más pausadas en las que sentí el impulso de adelantarme. Aunque realmente estaba disfrutando la película, pensé: “Así funciona un cerebro acostumbrado a la velocidad.”
Como alguien que creció en los años ochenta, cuando había mucho tiempo para el ocio y la contemplación, puedo sentir cómo mi cerebro se ha ido reconfigurando. Tuve que decirme conscientemente: “Espera, no quiero tomar el teléfono para revisar mi correo electrónico o cualquier otra cosa.”
Y fue muy gratificante simplemente permanecer con la película, que es algo que normalmente hago. Pero esta experiencia fue un pequeño recordatorio de lo fácil que es quedar atrapada en ese carrusel constante de información, velocidad y novedades; siempre aparece un nuevo objeto brillante que reclama tu atención.
Si tuviera que resumirlo, diría que debemos hacernos espacio y dedicar tiempo a la lentitud y a la naturaleza.
PAMM: Además de ser cineasta y artista, fundaste el Third Horizon Film Festival. ¿Qué te motivó a crear un festival de cine? ¿Y por qué hacerlo en el sur de la Florida?
KRW: Gracias por la pregunta.
Third Horizon surgió justo después de que Jason Fitzroy Jeffers, un grupo de amigos y yo termináramos un cortometraje documental en Haití titulado Papa Machete, dirigido por Jonathan David Kane.
El documental cuenta la historia de uno de los últimos maestros de la esgrima con machete haitiana, una técnica utilizada por los revolucionarios haitianos durante la lucha contra los franceses. Tomaron los principios de la esgrima y los adaptaron al machete con el que trabajaban en los campos de caña de azúcar; esa fue una de las estrategias que les permitió derrotar y expulsar al ejército francés.
Recuerdo que, al terminar, Jason dijo simplemente: “Necesitamos un festival de cine del Caribe.”
En cuanto lo escuché, supe que había un espacio que todavía no existía y que hacía falta crear. En Kingston, Jamaica, al sur de la Florida se le conoce con frecuencia como “Kingston 21”, una especie de distrito honorario, debido al gran número de personas jamaiquinas que han emigrado aquí a lo largo de las décadas.
A veces todo consiste en reconocer que existe una necesidad y decidir actuar, incluso sabiendo la enorme cantidad de trabajo que habrá por delante.
Una de las cosas que escuchamos con más frecuencia es que muchas personas no sabían que necesitaban un espacio como este hasta que lo conocieron. Es un festival muy enriquecedor, seguro e incluyente.
Miami también es un lugar ideal y accesible para celebrarlo. Hacemos todo lo posible por traer a los artistas para que participen en conversaciones, presentaciones y otras actividades. Y ellos siempre nos expresan lo agradecidos que están de contar con un espacio que realmente sienten suyo.
PAMM: ¿Hay algo más que te gustaría compartir con nuestro público?
KRW: Espero que mi trabajo logre abordar temas universales y reflexionar sobre conceptos como la violencia repetitiva y la violencia cíclica, pero siempre desde una perspectiva que aporte claridad y, al final, conduzca a una forma de trascendencia.
Si hubiera un mensaje más amplio —o una sensación que desearía que estuviera presente como un hilo conductor a lo largo de toda mi obra— sería que todo es posible. Que el bien es posible. Que la paz es posible, y así sucesivamente.
Gracias a Keisha Rae Witherspoon por esta conversación. No te pierdas las próximas entrevistas con artistas participantes en INTERTIDAL.
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